¿A celular hay que anteponerle el 9?



-¿Por qué tengo que ubicar a mis compañeros de básica por Facebook? Porque entonces era un lujo tener teléfono y, cuando había un incendio, la vieja cahuinera de cachirulos golpeaba a mi casa para avisar a los bomberos, la del otro lado venía para llamar a su mamá que estaba enferma y la otra venía a hablar despacito con su amante. Mis papás no cobraban, pero siempre les dejaban un regalito por favor concedido. Cuando salí de cuarto básico nadie se pidió su teléfono ni su correo porque no existían. Nos abrazamos, nos dijimos chao y efectivamente fue un chao.
-En tercero medio me enseñaron computación en el colegio y cuando cometía un error me asustaba apretar algún botón porque se podía borrar todo. Hasta entonces, te pedían la superficie, población y bandera de un país y si no tenías enciclopedia debías acudir a la bibliotecaria, que siempre era un plomazo. La vieja de delantal blanco sabía que quien maneja la información tiene el poder… Y ella lo tenía. Si te decía NO te quedabas sin tarea y un rojo. Hoy, ella y su asistente no encuentran trabajo porque no saben hacer otra cosa que ordenar libros.
-“Aló, ¿Está la Lore? Ehhh… un amigo. Dígale que la llamó… Ricardo. O yo la llamo más tarde”. Y te daba terror llamarla más tarde y que de nuevo te contestara el papá. Y no sabías si realmente no estaba o le hacía con el dedo al papá como pidiéndole “dile que no estoy”. Y te pasabas un rollo tras otro. Antes había que ser realmente jugado porque las chicas no usaban celular para ubicarlas directamente. Y cuando te daban un número no podías pinchar de vuelta para comprobar que efectivamente ese era el número de su casa. Bueno, a los más precoces también debe haberles tocado pedirle el número a una niña y que les dijera “no tengo, pero puedes ubicarme en el número de mi vecina”.
-Cuando comenzaron a morir los cassettes nosotros no valorábamos el CD por lo bien que se escuchaba. Lo que nos enloquecía era que el cassette apenas traía carátula corta y el CD un librito con las letras de todas las canciones. Uno se conseguía el CD y todo el resto fotocopiábamos. Hasta que apareció el Internet hubo letras de Dorso y 2 Minutos donde jamás supe qué decían, pero las cantaba igual. El año pasado necesitaba grabar un nanometraje y fui donde mi compadre Pato porque necesitaba revistas pornográficas para una escena. Las tenía todas apiladas en el ático y cuando las bajó llenas de polvo me comentó “¿y con esto nos calentábamos”.
-Cuando entré a la U mis amigos de otras casas de estudio comentaban asombrados “¿es verdad que en la U del Desarrollo el profe tiene que pedirles a todos que apaguen sus celulares? Puta que son cuicos”. Al principio, yo me negaba a tener uno… Como el viejo que se negaba a hacerse un correo y al final se vio obligado a acatar. Me compré el Ericsson con tapa que era una mierda en cuanto a calidad, pero tenía más posibilidades de ringtone. Cuando me llamaban sonaba “Hallowed be thy name”, “Black Night” o “Afraid to shoot strangers”. Los celulares de entonces contaban con un par de funciones, una culebra para jugar y servían para hacer llamados.
-Cuando recién nos pusieron el teléfono fue el chiche de la casa. Llamábamos al viejo del gas y le dábamos la dirección de algún vecino –nadie registraba el origen de la llamada- hacíamos pitanzas a la gente con nombres extraños –en ese tiempo Jimmy o John López eran nombres extraños- y la cuenta se nos iba a las nubes llamando a Fono Amistad. También jugué al Hugo y el 6 se me quedó pegado así que el mono orejón cayó en un árbol mientras me decía “que bonita vistaaaaaaaa” y la muy bataclana de Ivette se reía. Y mi mamá cómo se puso cuando me llamó por primera vez la Karina. “¿Quién es Karina?”, preguntaba. Y cuando recién tuve celular y me llamaban para saber dónde estaba o por qué todavía no llegaba a la casa. Nunca me sentí tan controlado, pese a que nunca contesté y culpaba a la batería.
-Antes preguntabas la hora y la gente la veía en el reloj. Antes le pegabas a tus compañeros de curso, el Profe te trataba de weón y nadie lloraba con una grabación como testigo. Antes el guitarrista hacía su mejor solo y miraba a toda la gente moviendo la cabeza al ritmo, pero ahora los ve a todos inmóviles con sus celulares arriba. Antes los periodistas se trasladaban al lugar de los hechos a reportear, pero ahora se quedan en su escritorio chateando mientras llaman a sus fuentes.
En resumen, no me cambio al iPhone ni cagando, aunque el ni cagando ya lo usé antes sin respetarlo.
-En tercero medio me enseñaron computación en el colegio y cuando cometía un error me asustaba apretar algún botón porque se podía borrar todo. Hasta entonces, te pedían la superficie, población y bandera de un país y si no tenías enciclopedia debías acudir a la bibliotecaria, que siempre era un plomazo. La vieja de delantal blanco sabía que quien maneja la información tiene el poder… Y ella lo tenía. Si te decía NO te quedabas sin tarea y un rojo. Hoy, ella y su asistente no encuentran trabajo porque no saben hacer otra cosa que ordenar libros.
-“Aló, ¿Está la Lore? Ehhh… un amigo. Dígale que la llamó… Ricardo. O yo la llamo más tarde”. Y te daba terror llamarla más tarde y que de nuevo te contestara el papá. Y no sabías si realmente no estaba o le hacía con el dedo al papá como pidiéndole “dile que no estoy”. Y te pasabas un rollo tras otro. Antes había que ser realmente jugado porque las chicas no usaban celular para ubicarlas directamente. Y cuando te daban un número no podías pinchar de vuelta para comprobar que efectivamente ese era el número de su casa. Bueno, a los más precoces también debe haberles tocado pedirle el número a una niña y que les dijera “no tengo, pero puedes ubicarme en el número de mi vecina”.
-Cuando comenzaron a morir los cassettes nosotros no valorábamos el CD por lo bien que se escuchaba. Lo que nos enloquecía era que el cassette apenas traía carátula corta y el CD un librito con las letras de todas las canciones. Uno se conseguía el CD y todo el resto fotocopiábamos. Hasta que apareció el Internet hubo letras de Dorso y 2 Minutos donde jamás supe qué decían, pero las cantaba igual. El año pasado necesitaba grabar un nanometraje y fui donde mi compadre Pato porque necesitaba revistas pornográficas para una escena. Las tenía todas apiladas en el ático y cuando las bajó llenas de polvo me comentó “¿y con esto nos calentábamos”.
-Cuando entré a la U mis amigos de otras casas de estudio comentaban asombrados “¿es verdad que en la U del Desarrollo el profe tiene que pedirles a todos que apaguen sus celulares? Puta que son cuicos”. Al principio, yo me negaba a tener uno… Como el viejo que se negaba a hacerse un correo y al final se vio obligado a acatar. Me compré el Ericsson con tapa que era una mierda en cuanto a calidad, pero tenía más posibilidades de ringtone. Cuando me llamaban sonaba “Hallowed be thy name”, “Black Night” o “Afraid to shoot strangers”. Los celulares de entonces contaban con un par de funciones, una culebra para jugar y servían para hacer llamados.
-Cuando recién nos pusieron el teléfono fue el chiche de la casa. Llamábamos al viejo del gas y le dábamos la dirección de algún vecino –nadie registraba el origen de la llamada- hacíamos pitanzas a la gente con nombres extraños –en ese tiempo Jimmy o John López eran nombres extraños- y la cuenta se nos iba a las nubes llamando a Fono Amistad. También jugué al Hugo y el 6 se me quedó pegado así que el mono orejón cayó en un árbol mientras me decía “que bonita vistaaaaaaaa” y la muy bataclana de Ivette se reía. Y mi mamá cómo se puso cuando me llamó por primera vez la Karina. “¿Quién es Karina?”, preguntaba. Y cuando recién tuve celular y me llamaban para saber dónde estaba o por qué todavía no llegaba a la casa. Nunca me sentí tan controlado, pese a que nunca contesté y culpaba a la batería.
-Antes preguntabas la hora y la gente la veía en el reloj. Antes le pegabas a tus compañeros de curso, el Profe te trataba de weón y nadie lloraba con una grabación como testigo. Antes el guitarrista hacía su mejor solo y miraba a toda la gente moviendo la cabeza al ritmo, pero ahora los ve a todos inmóviles con sus celulares arriba. Antes los periodistas se trasladaban al lugar de los hechos a reportear, pero ahora se quedan en su escritorio chateando mientras llaman a sus fuentes.
En resumen, no me cambio al iPhone ni cagando, aunque el ni cagando ya lo usé antes sin respetarlo.
