Ella me quitaba el sueño


La Vivi era casi perfecta. Me llegaba a la oreja, tenía ojos color nuez –o sea, las cagás eran cafés- y el pelo ondulado hecho una trenza para jalarla y maniobrarla mejor. La Vivi era buenísima para el limbo y yo también, así que siempre competíamos y yo siempre ganaba porque felizmente para mí ella tiene senos. La sonrisa de la Vivi era maravillosa porque sus dientes estaban tan ordenados como los zagueros en la defensa de Capello y mordía despacito como un cuye. La Vivi era casi perfecta. Casi, porque roncaba como un oso y eso hacía que mi cucharita se quebrara. Y las noches que no roncaba como un oso, roncaba como si fueran dos.
Nunca me atreví a decírselo porque realmente era perfecta y quería que ella lo siguiera creyendo. Me enteré de su terrorífica cualidad un día que me quedé a dormir en su casa, me pasó una polera, una toalla para la mañana y me dijo “cualquier cosa, estoy en la pieza de al lado. Pero que no despierte mi papá” y me dio un beso. Quedé calentísimo, pero no me atrevía a ir y embestirla, hasta que me decidí y vi la cosa muy simple: a la izquierda había alguien roncando como camionero, así que me metí a la pieza derecha, me lancé a la cama y le apreté una peluda tetilla a su papá haciéndole cosquillas con el dedo índice. Creo que aún no manejaba bien la técnica porque nunca pude volver a su casa.
Igual me las arreglé para verla y disfrutar con ella. Un día arrendamos una cabaña en un lugar horrible, con escasa vegetación y donde casi no llegaba el sol, pero estábamos solos y salía más barato que Siddartha en los libros usados. Estuvimos cuatro días y tres noches de las cuales sólo dormí una en que me dieron ganas de ir al baño, el sueño me pilló sentado y el amanecer con el aro de la taza marcado en las nalgas. No le dije nada suponiendo que mis ojeras lo decían todo, pero ella me llevaba a caminar, nos metíamos en el agüita y saltaba encima mío hasta que mi cuerpo exigía descanso. “¿Dormiste bien? Deberíamos quedarnos un par de días más”, me comentó la ruidosa sinvergüenza y era tan rica que le dije “de más que sí”.
Le eché cosas raras en su bebida como lo hago con las minas de 15, pero nada resultó. Curada roncaba mejor y un día cerré los ojos dos segundos y desperté pensando que me había acostado con Chris Barnes. Como técnica extrema dije “la voy a mantener despierta toda la noche” para al menos no oír su inmisericorde garganta, pero el DVD de El Retorno del Rey no surtió efecto. Quería quedarse en mi casa, pero me asustaba pensar cómo me molestaría mi familia cuando la escuchara roncar. La invité un día, pero le dije a mis papás que nos gustaba dormir con música. Puse Pink Floyd, pero mi hermana pensó que era Carcass. La Vivi ni se inmutaba y me lanzaba un ingenuo “pucha que dormí bien ¿y tú?” y yo dormía tan poco que veía completo el Call TV y hasta me caía bien Jorge Briceño.
Un día la tomé de un brazo y le advertí “Vivi, tengo que decirte algo importante”. Ella puso ojos de haitiano a la hora de almuerzo y me costó un mundo, pero se la tiré: “Vivi, tú roncas… ¡Y como vikingo!”. Ella hizo un gesto de malestar y me dijo “de chica que me retan por lo mismo. Tendré que terminar contigo”. Le respondí que no era para tanto, pero agregó que “dos veces te pregunté cómo dormiste y no me dijiste nada malo. Si esa es la confianza y comunicación que tenemos, mejor no sigo” y se fue. Así de claro. La Vivi era casi perfecta, pero le dije a mis amigos que terminé con ella porque era una mujerzuela.
Nunca me atreví a decírselo porque realmente era perfecta y quería que ella lo siguiera creyendo. Me enteré de su terrorífica cualidad un día que me quedé a dormir en su casa, me pasó una polera, una toalla para la mañana y me dijo “cualquier cosa, estoy en la pieza de al lado. Pero que no despierte mi papá” y me dio un beso. Quedé calentísimo, pero no me atrevía a ir y embestirla, hasta que me decidí y vi la cosa muy simple: a la izquierda había alguien roncando como camionero, así que me metí a la pieza derecha, me lancé a la cama y le apreté una peluda tetilla a su papá haciéndole cosquillas con el dedo índice. Creo que aún no manejaba bien la técnica porque nunca pude volver a su casa.
Igual me las arreglé para verla y disfrutar con ella. Un día arrendamos una cabaña en un lugar horrible, con escasa vegetación y donde casi no llegaba el sol, pero estábamos solos y salía más barato que Siddartha en los libros usados. Estuvimos cuatro días y tres noches de las cuales sólo dormí una en que me dieron ganas de ir al baño, el sueño me pilló sentado y el amanecer con el aro de la taza marcado en las nalgas. No le dije nada suponiendo que mis ojeras lo decían todo, pero ella me llevaba a caminar, nos metíamos en el agüita y saltaba encima mío hasta que mi cuerpo exigía descanso. “¿Dormiste bien? Deberíamos quedarnos un par de días más”, me comentó la ruidosa sinvergüenza y era tan rica que le dije “de más que sí”.
Le eché cosas raras en su bebida como lo hago con las minas de 15, pero nada resultó. Curada roncaba mejor y un día cerré los ojos dos segundos y desperté pensando que me había acostado con Chris Barnes. Como técnica extrema dije “la voy a mantener despierta toda la noche” para al menos no oír su inmisericorde garganta, pero el DVD de El Retorno del Rey no surtió efecto. Quería quedarse en mi casa, pero me asustaba pensar cómo me molestaría mi familia cuando la escuchara roncar. La invité un día, pero le dije a mis papás que nos gustaba dormir con música. Puse Pink Floyd, pero mi hermana pensó que era Carcass. La Vivi ni se inmutaba y me lanzaba un ingenuo “pucha que dormí bien ¿y tú?” y yo dormía tan poco que veía completo el Call TV y hasta me caía bien Jorge Briceño.
Un día la tomé de un brazo y le advertí “Vivi, tengo que decirte algo importante”. Ella puso ojos de haitiano a la hora de almuerzo y me costó un mundo, pero se la tiré: “Vivi, tú roncas… ¡Y como vikingo!”. Ella hizo un gesto de malestar y me dijo “de chica que me retan por lo mismo. Tendré que terminar contigo”. Le respondí que no era para tanto, pero agregó que “dos veces te pregunté cómo dormiste y no me dijiste nada malo. Si esa es la confianza y comunicación que tenemos, mejor no sigo” y se fue. Así de claro. La Vivi era casi perfecta, pero le dije a mis amigos que terminé con ella porque era una mujerzuela.
Y como los grupos Indie no son una moda, sino una forma de vida, los resultados de la última encuesta ¿Cuál es tu grupo indie favorito? arrojó los siguientes resultados?
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