Como Gary Cooper a las 11 con 45


“La cultura chupística ordena: canciones de los Ramones que pasen los 4 minutos, tales como Chasing the Night”.
Esa vez le tocó a la Pao que terminó curadísima diciéndome que soy un mal amigo y que pedir películas de Sergio Corbucci o jugadores que hayan pasado por Soinca Bata, tales como Luis Cueto, eran propios de la mente de un pervertido que quería curarla para hacerla suya. Se enojó tanto que fue a su cama y Ramiro hizo lo que yo tenía en mente.
“¿Ventana o pasillo? Me gusta mirar el paisaje, pero si tomo bebida voy a mear a cada rato”.
El guatón Cristián nunca más viajó conmigo a Santiago desde que fuimos a Immortal con Destruction. Yo no aguanto 6 horas callado, así que le interrumpí justo cuando Jet Li iba a pegar su enésima patada, que para él son sagradas. Los obesos no pueden levantar la pierna, por lo que mirar una patada es lo más cerca que están de ellas a menos que jueguen a la tartaramusa. Y lo peor es que tomé bebida.
“¡Tócala que entro solo!”
Yo era el 10 y el Carlos jugaba de carrilero derecho. Siempre le decía “pasa, pasa”, la defensa se iba a marcarlo y yo entraba solito por el centro para sacar el remate. Marqué varios goles y perdí otros tantos hasta que el Carlos se aburrió de pasar y que nunca se la tocara. “Si quieres una pantalla, mejor te traigo una tele”, me dijo el muy marica.
“¿Y a qué hora ponen música para hombres?
Nunca debí decir eso en la casa del Marcos mientras hacíamos un trabajo de grupo, pero la culpa es de él por tener el Galería Caribe y encima original. Da igual si se lo regalaron o lo “ganó” llamando al Conéctate, pero nadie puede producir y crear con eso de fondo. Marcos apagó la radio y me encaró porque me gustan las canciones de monstruos. “Profesor… ¿puedo hacer el trabajo solo?” fue mi nueva frase.
“Por último disfruten el chorizo”
Esa vez les dije que no bajáramos tan temprano a la colación porque me había comido unas mandarinas y no tenía hambre. Siempre que llego me pongo primero en la fila, pasé con la bandeja y me comí el tonto pastel de papas… Estaba buenísimo. Lo malo es que se acabó y a todos los de atrás les tocó la opción 2 del menú: garbanzos con chorizo. Bueno, a la mayoría de las mujeres no les gustan los garbanzos, de ahí el cariñoso subtítulo.
“Angel of deeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeath”
Cómo olvidar ese Monsters of Rock. Cuando le dije eso al Alvaro me contestó “sí pu, gritón de mierda. Todavía tengo el Angel of Death metido en la oreja”.
“¿Ya acabaste?”
Siempre me gustó salir rápido de la sala de clases… Me ahogaba como la Olguita Marina. Pero sentarse conmigo era ingrato porque terminaba las pruebas y trabajos antes que todos. La Caro me dijo el otro día: “siempre esperaba hasta el final para pedirte las que no sabía, pero ya no estabas. Por eso mejor me cambié de puesto”. Era muy rica la Caro y todavía lo es, aunque tenga dos hijos.
Entiendo por qué a nadie le gusta estar a mi lado.













