Apocalipsis Ahora
1.-Falsos Profetas. 










Faltaba la señal que tenía que ver con una trompeta. Esto es real: el lunes me encontré con un ex compañero de colegio que venía con unas maletas grandes, de esas con ruedas. Detrás de él aprecié una pareja de veteranos. El me los presentó. “Mi mamá”, me dijo. Y claro, era igual al gilipollas que me la enseñaba, no cabía dudas de que era su mamá. Luego mi otrora compañero de aulas indicó al otro viejo y me anunció: “mi esposo”. Yo me fui de raja.
Estaba listo para darle la mano y decirle “hola, tío” con la alegría y cordialidad de siempre, pero quedé descolocado. Primero por lo de “esposo” y segundo porque tenía como 55 años y una cara de depravado que ya quisiera Carlos Pinto. Ellos viven y se revuelcan en España y debo reconocer que aunque sonreí y me despedí como un caballero –cosa que no hago ni con las mujeres- me quedó claro que no soporto a esta gente.
Sentí como si le hubiera dado la mano a un leproso, lo reconozco. Dejémonos del discursito de la tolerancia y eso… Relacionarse con mariquitas es más incómodo que la cresta. Y no soy el único que lo piensa así porque cuando le conté a mi primo, lo primero que me dijo fue “¿y te lavaste las manos?”.
Lo curioso viene al hacer la reflexión con otros ex compañeros de curso: tal vez nosotros hicimos que este cabro se agachara hasta el lado oscuro de la cópula. ¿Y cómo? Se tuvo que cambiar varias veces de curso porque no soportaba, le quemábamos la cabeza, jugábamos al frisbee con sus CD’s importados y al skate con sus cuadernos (la mamá le compró 3 veces la lista completa de útiles escolares), le pegábamos a sus hermanos en el recreo, meamos dentro de su mochila, hacíamos fila para pegarle cachos a lo Don Ramón (mi récord fue 3 veces en una fila de 20)… ¡Le hicimos la vida imposible y nunca explotó! El resto lo aportaron las tocaciones propias de un colegio de Iglesia.
“Existen 2 tipos de gente rabiosa: explosivos e implosivos. Explosivo es el tipo que alega y grita en el supermercado porque no le dan sus cupones y el implosivo es el cajero que día tras día se traga eso, sin decir una palabra, pero de pronto…saca un arma y los mata a todos. Amigo, tú eres el cajero”
(Locos de Ira)
2.-Guerras.



3.-Hambre.


4.- Pestilencias.


5.-Tribulaciones.


6.- Señales Celestiales.


Faltaba la señal que tenía que ver con una trompeta. Esto es real: el lunes me encontré con un ex compañero de colegio que venía con unas maletas grandes, de esas con ruedas. Detrás de él aprecié una pareja de veteranos. El me los presentó. “Mi mamá”, me dijo. Y claro, era igual al gilipollas que me la enseñaba, no cabía dudas de que era su mamá. Luego mi otrora compañero de aulas indicó al otro viejo y me anunció: “mi esposo”. Yo me fui de raja.
Estaba listo para darle la mano y decirle “hola, tío” con la alegría y cordialidad de siempre, pero quedé descolocado. Primero por lo de “esposo” y segundo porque tenía como 55 años y una cara de depravado que ya quisiera Carlos Pinto. Ellos viven y se revuelcan en España y debo reconocer que aunque sonreí y me despedí como un caballero –cosa que no hago ni con las mujeres- me quedó claro que no soporto a esta gente.
Sentí como si le hubiera dado la mano a un leproso, lo reconozco. Dejémonos del discursito de la tolerancia y eso… Relacionarse con mariquitas es más incómodo que la cresta. Y no soy el único que lo piensa así porque cuando le conté a mi primo, lo primero que me dijo fue “¿y te lavaste las manos?”.
Lo curioso viene al hacer la reflexión con otros ex compañeros de curso: tal vez nosotros hicimos que este cabro se agachara hasta el lado oscuro de la cópula. ¿Y cómo? Se tuvo que cambiar varias veces de curso porque no soportaba, le quemábamos la cabeza, jugábamos al frisbee con sus CD’s importados y al skate con sus cuadernos (la mamá le compró 3 veces la lista completa de útiles escolares), le pegábamos a sus hermanos en el recreo, meamos dentro de su mochila, hacíamos fila para pegarle cachos a lo Don Ramón (mi récord fue 3 veces en una fila de 20)… ¡Le hicimos la vida imposible y nunca explotó! El resto lo aportaron las tocaciones propias de un colegio de Iglesia.
“Existen 2 tipos de gente rabiosa: explosivos e implosivos. Explosivo es el tipo que alega y grita en el supermercado porque no le dan sus cupones y el implosivo es el cajero que día tras día se traga eso, sin decir una palabra, pero de pronto…saca un arma y los mata a todos. Amigo, tú eres el cajero”
(Locos de Ira)









